miércoles, 24 de junio de 2015

Oposiciones: una serie de catastróficas desdichas.


SPOILER: Esta entrada va a ser larga, muy larga...

Estudiar para unas oposiciones mientras se trabaja es tarea complicada, como la mayoría de compañeros docentes interinos saben. Si además las administraciones apuran hasta unos meses antes para confirmar que se convocan, la cosa se pone peliaguda. 
Este año ha sido la segunda vez que me presentaba a una oposición de secundaria y el final ha sido catastrófico. Esta entrada la escribo a modo de desahogo y de reflexión sobre un proceso selectivo vil y ruin, que necesita de reforma y que condiciona tu vida durante años sin darte cuenta. Permitidme que vomite aquí algo del estrés acumulado. Aviso de que la vomitona puede ser errática, en plan stream of consciousness.
La primera vez que me enfrenté a una oposición fue en 2010, justo antes del "tijeretazo". Aprobé y no me quedé muy lejos de conseguir plaza, pero desde ese punto todo fue una sucesión de reveses y complicaciones a las que se les ha intentado sacar el lado bueno.
A la espera de saber qué pasaba, aquel septiembre de 2010 me llamaron para ocupar una vacante para todo el año con un tercio de jornada en el 1er y 3er trimestre y el 2º a completa. El primero y el último puede decirse que trabajé prácticamente gratis, es decir, para pagarme el techo. Ofrecer un tercio de jornada es de locos, pero aún así lo acepté porque en esto de las oposiciones eres esclavo de la experiencia y si la docencia es vocación uno hace lo que tiene que hacer. De un día para otro me mudé con la casa a cuestas a 500km de donde vivía entonces. Apuesto a que muchos estaréis asintiendo ahora al leer esto. No es nada nuevo lo que cuento. Es la NO vida del interino, supeditada durante años, entre convocatoria y convocatoria, a la carretera, de centro a centro, como un nómada. Eso si hay suerte y te llaman. 
De ese año en un centro en un pueblo de Toledo aprendí más de lo que jamás hubiera imaginado. Los inconvenientes, que los había, los olvidé. El centro era humilde, pero la ilusión del equipo docente era inigualable. Tuve la suerte de empaparme de las enseñanzas de un par de grandes y sabios docentes que se jubilaban aquel año y que no habían perdido un ápice de entusiasmo. Tampoco olvidaré a ese complicado grupo de chavales de PCPI con los que tuve el placer de aprender y a los que enseñé un poquito de Literatura Española e Inglés.  Durante ese curso me formé en todo lo que pude en el CPR, en INTEF, participé activamente en todo lo que organizaba el centro, del programa de Comenius,  de los grupos de trabajo, en fin, de lo que es la vida de un docente.
Sin embargo, esa primera experiencia docente en un IES se vió empañada al curso siguiente, cuando después de tener vacante asignada para todo el curso, el aumento de horas lectivas de los docentes y el consecuente recorte (bestial en CLM) de personal, me dejó en casa, a la espera de que me llamaran. Mientras tanto tu vida está en stand by. No trabajé hasta diciembre, para cubrir 10 días a una compañera con afonía. Y te plantas con tus cosas en otra ciudad, sin casa y sin poder conocer ni hacer mucho con esos alumnos porque si no lo haces te saltan y te pasan por delante y entras en un bucle infinito e infernal. Después de eso a casa, hasta casi febrero para otra sustitución de 4 meses en otro centro de otro sitio, con otras caras, otras rutinas, otra casa. Y ahí hasta el curso siguiente en que no me dieron ni vacante ni sustitución hasta febrero cuando me llamaron para ofrecerme un curso en la EOI, donde paradójicamente se habían quedado sin interinos.
En ese septiembre de 2013, asqueada por el ninguneo de los políticos y más y más recortes, decidí tomar medidas y me busqué trabajo en un centro de idiomas en mi ciudad adoptiva. Y hasta ahora. Es otro tipo de enseñanza en la que he trabajado desde que acabé la carrera y que he compaginado con cursos de doctorado y máster. Es más cercana por el número reducido de alumnos y con clases más homogéneas, cosa que a priori suena como el paraíso, pero que no "te cuenta como experiencia". Qué cruel y qué injusto es eso. La experiencia es experiencia sea donde sea.
Este año se ofertaban 9 plazas de inglés y eramos unos 600. Este año nos cambiaban el tipo de examen y apenas tuve tiempo de estudiar. Con todo lo ocurrido, y el pesimismo que trae de la mano el ser "realista" no tenía muchas expectativas, aunque sin ser muy consciente de ello, las había generado en los demás. El sábado entré en el examen consciente de que lo haría peor de lo que sabía y por qué no decirlo, merecía. No estaba nerviosa, es la tranquilidad que da el no esperar nada. El práctico me subió momentáneamente el ánimo, apelando a mis debilidades, la literatura (Fitzgerald, Hemingway, Steinbeck, y Faulkner), la traducción y la fonética (¡Harry Potter!) Agoté hasta el último minuto de la prueba consciente de que los temas eran lo siguiente y yo no había estudiado para hacerlo bien. Sorteo de temas. Desastre.
Lo que vino después, una serie de lamentaciones de familiares y amigos. "¡Con lo que tú sabes! ¿Cómo es que no has escrito nada en el tema?" Pues no. NO escribí lo que se pedía. Y esas cosas pasan. Mi aparente tranquilidad ante la debacle es otra cosa que no se entiende, pero he preferido hacer borrón y cuenta nueva, coger las riendas de mi vida laboral y seguir haciéndolo lo mejor que sé aunque no sea en un instituto. ¿Hasta cuándo puede seguir uno con una vida de interino? ¿Dónde está el límite?  Queridos compañeros que aún estáis inmersos en el proceso de selección, y a los que luego les espera la incertidumbre de saber dónde trabajarán y cuándo, ánimo, suerte y salud.

Os dejo con una canción que podría describir muy bien la vida de un interino y me voy de merecidas vacaciones hasta septiembre. ¡Feliz verano!



PD. Después de este impasse opositoril, la chica del menhir se lava la cara y vuelve el próximo curso con fuerzas renovadas. Estará encantada de leeros.