sábado, 19 de septiembre de 2009

En los altares


Por si no nos bastaba con ser declarados "autoridad pública" (aquí en la Comunidad Valenciana ya lo somos), la señora Esperanza Aguirre ha decidido rematar la faena en Madrid colocando a los profesores sobre tarimas. Aparte de dotar a los profesores de altura y perspectiva, subirlos a una tarima no tendrá ninguna consecuencia pedagógica relevante.

La verdad es que cosas como estas me indignan. La Ley de Autoridad del Profesor es un parche y una chapuza. No arreglará el problema de raíz que hay en las aulas, sólo es efectiva cuando el daño está hecho. ¿Acaso eso va a hacer que los alumnos nos respeten más? ¿Acaso nos hará mejores profesores?. Gastar dinero en tarimas no sirve de nada. El profesor pasa mucho tiempo de pie entre las mesas de los alumnos (que se lo pregunten a los colegas de primaria). Y además es pretender volver a los tiempos de la familia Alcántara, cuando a los profesores se les tenía pavor.

Estoy de acuerdo con que se reconozca que hay un problema de autoridad y falta de respeto en las aulas. Pero ¿no sería mejor tratar de llegar al meollo?. ¿Alguién se molestó en preguntar a los profesores? Disminuir el número de alumnos por aula, ampliar plantillas, potenciar las tutorías con padres y alumnos, reforzar los equipos de orientación y diseñar un plan de medidas disciplinarias en conjunto son algunas de las cosas en las que puede invertirse el dinero de las tarimas.

Para poder arreglar los problemas hay que creer en la Educación.